I Expedición Científica al Pacífico 2018

Relato de una metamorfosis:

de fotógrafo a expedicionario

Por:

LINDA LUCIA BALLESTAS TORRES

@lindaluciabt

Aguas del pacífico colombiano - noviembre de 2018

*Texto inspirado en: Carlos Mario Parra Ríos, fotógrafo oficial de la Expedición.

El reto consistía en dividir en dos la historia del Pacífico colombiano a través de la I Expedición Científica rumbo a Cabo Manglares, Nariño. Esta travesía dictaría el primer paso hacia el reconocimiento de la región como un repositorio inigualable de conocimientos marítimos y costeros a gran escala. Sin duda alguna, yo quería ser parte de ello.

“Apenas me enteré, supe que debía hacerlo”

“Quería un boleto

rumbo a lo desconocido”

Sabía que para tener un cupo entre los 33 elegidos tenía que sortear distintas pruebas meses antes: exámenes médicos, someter un proyecto de investigación y ser aprobado por un jurado científico, destinar recursos propios para llevar a cabo el cubrimiento, firmar compromisos con instituciones, tener plan A, B y C para recolectar los datos necesarios e incrustarme el chip de la disciplina militar que jamás en mi vida me había gustado, pero que sería fundamental para convivir 10 días a bordo del Buque ARC “7 de agosto”.

Entre los seleccionados había de todo: tres tipos de ingenieros, biólogos marinos y puros; militares, ecólogos, hidrógrafos, químicos, comunicadores, periodistas, expertos en artes visuales y hasta bellas artes. Ni yo mismo daba crédito de cuántas profesiones veía allí. Y bueno, al final estaba yo… el fotógrafo. Sin esperarlo y como un baldado de agua fría, sentí que algo extraño pasaba. Yo que era un novato en estos temas, me sentía fuertemente conectado con ese grupo de desconocidos; sin saber cómo sucedió, a todos nos invadía una ambición loca y extraordinaria de dedicar nuestros talentos al servicio de los mares. Nadie nos lo pidió, pero allí estábamos.

"La hora cero."

Cuando la hora de partir finalmente llegó, todos nos dimos cuenta que nuestra preparación se había quedado corta y que para hacer parte de esta aventura había que ser más fuerte que el acero e incluso haber pensado hasta en un plan D. No nos habíamos ido y ya todo iba mal: antes de soltar amarras en Tumaco, un grupo de expedicionarios había perdido un dron profesional en las aguas del océano Pacífico; a los comunicadores les habían hurtado un celular en la Playa El Morro la noche anterior; los que se embarcaron, pensando en realizar un “en vivo” nacional desde el buque, colapsaron de nervios al darse cuenta que la señal de Internet era intermitente o nula; y yo pagaba la novatada como víctima #1 del mareo a causa del oleaje. En definitiva, la expedición parecía ir a tono con entorno: impredecible y agreste.


Si bien esos contratiempos menores ya nos habían tensionado a todos en menos de dos horas de haber zarpado, reconozco que los verdaderos retos operacionales, financieros y logísticos fueron asumidos por otros: un despliegue sincronizado de la Armada Nacional, la Dirección General Marítima, la Comisión Colombiana del Océano, COLCIENCIAS, Parques Nacionales Naturales y WWF Colombia. Una operación demandante que significaba estar alerta las 24 horas del día, durante casi dos semanas. Una misión que requería años de experiencia y el temple que caracteriza a la gente de mar.

"La expedición parecía ir a tono con entorno: impredecible y agreste."

 

- La tierra prometida no tiene coordenadas -

Durante la navegación, recorrimos 6 zonas de muestreo, conocí cada una de ellas y ninguna era la tierra prometida que tenía en mente; la pobreza, las dificultades y el abandono eran más agobiantes que el mismísimo calor. La gran revelación vino después, sólo con el pasar de las millas y las horas. Abrí los ojos y me sentí vivo recolectando piangua (esos moluscos negros con forma de concha, que según la tradición popular revisten los secretos afrodisiacos del Pacífico); sin darme cuenta llegaron a mí las aves, rayas, peces y reptiles como dignos representantes de la riqueza biológica de la región; me sentí en casa dialogando con los pescadores, el tiempo se me fue en medio de las corrientes marinas, mi admiración se impregnó en el rostro de los científicos y cada noche tejimos historias junto con la tripulación bajo el curso de las estrellas. Mi mente no estaba entrenada para recordarlo todo, pero afortunadamente mis ojos y mi cámara sí.

-El verdadero reto apenas iniciaba-

Luego de 547 millas recorridas la tarea parecía haber culminado, pero no. El verdadero reto apenas iniciaba con nuestro regreso a tierra, donde ahora debíamos usar todos nuestros encantos para enamorar a Colombia de su riqueza marítima, literalmente coquetearle al oído, hablándole bonito del desconocido potencial de la región Pacífico y al mismo tiempo, armarnos de motivos para defender desde cualquier lugar la importancia de la investigación científica de nuestros ecosistemas.
Comprendí entonces que la misión de abrir caminos, sin lugar a duda, nos pertenecía. Recaía sobre los hombros de los 33 expedicionarios; pero la responsabilidad de por fin darle la cara al mar y al río, era de un país entero. A partir de ese momento ninguno volvería a ser como antes y debíamos hacer algo con ello.

"Comprendí entonces que la misión de abrir caminos, sin lugar a duda, era nuestra; pero la responsabilidad de darle la cara al mar, era de un país."

- El fin de la metamorfosis -

A arcadas entendí que en el mar la vida no es más sabrosa; simplemente es vida de otra forma ¡Y qué vida!
Desde entonces no necesito branquias para respirar mar. La brisa fresca fue mi aliciente en los momentos de pérdida de conciencia a cuenta del vaivén de las olas. Soporté la navegación gracias a aquella fe inquieta que caracteriza la mente de los curiosos y al final sentí que un poco de mar se alojó en mí, toda esa agua me transformó por dentro. Me sentí desarmado, la sal brotaba por mis poros, la boca me sabía a ciénaga; la metamorfosis se extendió como las ramas del manglar entre los 104 participantes abordo. Todos caímos, nos enfermamos de amistad, de trabajo en equipo y nos dio la fiebre… una fiebre altísima de satisfacción; de esa que se siente cuando tu mente reconoce el deber cumplido, pero tu corazón sabe que debes volver por más.

"Entendí que en el mar la vida no es más sabrosa; simplemente es vida de otra forma. "

"Tan ligera como sea la maleta mas lejos llegarás"

***

LINDA LUCIA BALLESTAS TORRES

Comunicadora Social y Periodista, Especialista en Comunicaciones Estratégicas, fotógrafa aficionada. Su trabajo pretende mostrar los detalles, texturas y las experiencias de la gente de mar.

Participó en la Primera Expedición Científica al Pacífico Colombiano en el año 2018, actualmente coordina el Seminario Nacional de Ciencias y Tecnologías del Mar – SENALMAR.

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